Montañas NubosasMontañas Nubosas
En la réplica del Cabildo
En la réplica del Cabildo

Corría fines de agosto del 2013 y sentía que la vida me asfixiaba. El trabajo, las responsabilidades diarias, la eterna sonrisa de buen humor y los tratos cordiales de rigor todos los días. La base de los buenos tratos, el positivismo que en un punto llega a presionar el cuello de la camisa quitándote objetividad. Todos los días una rutina suave que empieza a empujar el corazón hacia dentro del pecho. Así me sentía, cómo olvidarlo!. Suena cruel y egoísta decirlo de esta forma pero en algún punto me entienden. A veces uno necesita aire. Ese aire no viciado, ese aire libre de comentarios formales, libre de opiniones, libre de compromisos. Ese aire de mirada al horizonte sin pensar, de respiración relajada, de trascendencia. En fin. Necesitaba algo. El año en algún punto se vuelve más denso que el mercurio.

Después de charlarlo y re charlarlo(Es importantísimo hablarlo con alguien a fin de esquivar la locura) una frase se hacía presente todo el tiempo: «Quiero irme!». Obvio que ustedes la conocen, todos!. Siempre es huir, siempre es escapar y, por supuesto, ustedes conocen también la frase siguiente: «Si, pero no puedo». El poderoso dinero, la familia, el trabajo, la situación del país, el cayo de mi abuela… todo conspira contra esa idea. A veces es imposible huir, a veces todo se vuelve en nuestra contra. Muchas veces la solución es simplemente correr al campito de la esquina y gritar. O no te quedan días de vacaciones, o estas a fin de mes, o tu tía está de visita en la ciudad. Esta vez lo hice personal, esta vez convertí el deseo en reto.

Meses atrás me había comprado una moto. Una motito. Mi honda CB1. 🙂 Así que ya tenía una movilidad, ergo busqué una excusa. Abrí el navegador y busqué un «motoencuentro». Esa idea se metió en mi cabeza.

Jamás había ido a ninguno, jamás un viaje en moto, busqué lugares cercanos en fechas cercanas. Es increíble la cantidad de motoencuentros que hay por mes en mi país. Muchos confluyen el mismo día en lugares bastante cercanos. No fue el caso. El más cercano que encontré en ese mes (septiembre) era a 600km, San Luis. Lo pensé dos veces, obviamente. Un recorrido muy largo, mucha distancia para solo un fin de semana. Un fin de semana común, no uno largo de los que abundan. Tenía que escaparme y ese viaje me hizo dudar… mucho!.

Como la empresa parecía grande busqué cómplices. __»Che, vamos a San Luis en moto en quince días?». Llamé a mi amigo para viajar. Después de un… «Esteeee… bueeee, ejem… en moto?… etc». Obtuve un forzado «Sí» y empezamos a planificar. No había mucho igual, carpa, bolsa de dormir, herramientas, parche y solución, algo de ropa… lo de cualquier campamento.

con Marcelo y Noe
con Marcelo y Noe

El Viaje

El día anterior al viaje se anunció lluvia torrencial en Rosario. Me pedí el viernes en el trabajo (diciendo la verdad de la hazaña, por supuesto) y gracias a Dios obtuve un si. Saldría el viernes a la mañana. Ese jueves a la noche mi amigo se bajó del viaje por cuestiones laborales y las nubes no dejaban ver la luna. El escape se iba desmoronando. Con pleno positivismo me fui dormir no sin antes preparar los bolsos como se debe. Dormí como hacía mucho no lo hacía.

El horizonte del viernes estaba vedado por una copiosa lluvia. Desde Noé no llovía de esa manera. Esperé desde las 7 de la mañana que escampara. 8, 9, 10… 11 de la mañana y nada. Que hacía?. Desayuné, compré lo que me faltaba de comida en el supermercado y espere que calmara. A las 12hs viendo que la lluvia no cedía me subí a la moto, saludé la familia y encaré la ruta.

Debo decir que viéndolo desde aquí fue todo una locura. Viajé 250 km bajo la lluvia. Frené en Carcarañá y bajo un cartel me hice una «selfie» empapado, después de eso ya no paré hasta Villa María. Me mojé hasta el alma. Me reí viendo arco iris perfectamente circulares mientras el agua pegaba de costado, sequé el visor del casco con guantes pesadísimos y ahogué un celular en el bolsillo-pecera.

Después de la lluvia el viaje mejoró muchísimo, mi motito de 125cc se la bancó muy bien y en 3 1/2 horitas ya habíamos escapado de la lluvia. El trayecto Río Cuarto, Achiras, La Toma, San Luis fué un tramite dónde pude disfrutar del paisaje y respirar hondo un viaje que me cambió para siempre. Pensé mucho, respiré y vi paisajes y pude reflexionar mucho de mi día a día.

La caravana motera en el Potrero de los Funes
La caravana motera en el Potrero de los Funes

El motoencuentro duró 3 días, viernes, sábado y domingo. Hubo bandas muy buenas en vivo, hubo caravanas con muchísimas motos. Paseos turísticos a través de montañas, lugares hermosisímos. La aventura había salido bien.

Llegué sin conocer a nadie y la primera noche ya hice amigos: Noe y Marce, que se portaron excelente conmigo. Gente con las que compartí un asadaso y muchos paseos.

El domingo a la mañana, después de pasar una noche con la carpa llena de agua empaqueté todo y me volví otra vez bajo una lluvia furiosa. Esta vez con dos compañeros de viaje.

A las 7 de la tarde Rosario me recibió con sol. Muy contento con la aventura llegué a casa a comer y dormir para al otro día volver con pilas renovadas a la rutina diaria.

 

Voy siguiendo mi camino, voy andando sobre la línea de mi vida y voy entendiendo de a poco lo transitado. No todo se revela pero no todo es necesario que se revele. Aprendo de mis errores y corrijo el rumbo. A veces me equivoco varias veces hasta corregir el rumbo, otras no me doy cuenta que me equivoqué y cuesta aprender la lección.

Octubre de 2013 me agarró más tranquilo… y el 2014 me lo comí de un solo bocado.

Me quedan los recuerdos y las fotos de Flickr. Y vos, que esperas para escaparte?.

Por Jeremías Palazzesi

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